¡DESESPERADA, QUÉ HABLAS!

Cuando ellos hacen algo osado es romántico y cuando lo hacemos nosotras se considera que estamos desesperadas. Pero nada más lejos de eso, con estos actos queremos demostrar lo que sentimos. Así de simple. Nada más.

Cuando nos presentamos a las tres de la mañana en la puerta de su casa, es porque estando en la cama nos acordamos de él. Pensamos en una segunda oportunidad. Cuando dejamos un corazón dibujado en el espejo después de la ducha, después de la primera noche, no decimos “te amo, decimos me gustas, lo repetimos”, es porque lo sentimos de verdad, no porque seamos unas “noñas”, bueno eso también. Así somos. Cuando cogemos el primer vuelo de la mañana, es porque necesitamos verlo ya, en ese momento. Sólo eso.

Somos inquietas por naturaleza. Hemos salido así, no lo podemos remediar. Gran parte de la culpa es de las películas románticas, de las canciones, de la parte de la cama que no está ocupada, de los packs de dos natillas, del formato familiar de yogur, de las “barquitas” para dos del Retiro, y cientos de cosas más. Nuestro entorno está pensado por y para las parejas y las familias. Todo va de dos en dos o en packs de más unidades. En algún momento pensaron en los solteros. Razones que imploran a querer pareja. Nos crean esa necesidad, con un montón de argumentos de consumismo e idealismo. Y ahí vamos. Nos dejamos invadir por esos argumentos. Señoritas, somos unas románticas empedernidas, aunque no lo queramos reconocer.

Desesperadas no.
Locas por el amor, si.
Locas por la vida, si.
La locura es sana.
Sólo a veces.

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2 thoughts on “¡DESESPERADA, QUÉ HABLAS!

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