ENTRE LUCES

Desde la última Navidad nuestras miradas no se habían cruzado. En ese momento había un año acumulado de ganas, nervios y esperanza. Esperanza de que aún surgiera eso que teníamos cada vez que nos veíamos.

Todo pasó entre luces. Luces verdes, rojas, amarillas y naranjas. Cada año brillaban, pero este año más que nunca. La verdad es que cuando alguien te gusta todo lo que te rodea tiene más intensidad.

El salón estaba lleno de gente. Los de siempre. De repente se abrió la puerta de la casa y detrás estabas tú. Con un abrigo largo de paño y una bufanda de cuadros rojos. Madre mía que bien te queda ese abrigo. Que imponente te ves. No podía apartar la mirada de ti. Por unos segundos me hipnotizaste. Aunque un rato antes me había jurado a mí misma que no te haría ni caso. Pero joder nunca lo consigo. Tienes eso que me engancha una y otra vez. Por fin estábamos en la misma habitación.

Ya que no había sido capaz de cumplir mi promesa me negué a mí misma saludarte primero. Una total y estúpida idea. Pero me convencí. Aunque daba igual, al rato te acercaste con tu mágica sonrisa y me dijiste un feliz Navidad suave y cálido. Como siempre me costó reaccionar. Que narices me haces que me quedo parada.

Desde el momento que salieron esas palabras de tu boca los dos sabíamos de sobra como acabaría la noche.

Así fue, la noche acabó entre tus labios. Un final pletórico.  

Tú y yo
Entre luces.

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